El Cerro Encantado del Petacal

El Cerro ”Encantado del Petacal” del cual comentan está encantado, algunos de los lugareños dicen que para quitar el encantamiento se debe arrojar desde la cima a un recién nacido y sin bautizar.

pero una de las historias más contada es la siguiente:

Se dice que en una ocasión de Semana Santa corrió un río que salía del cerro el cual llevaba sobre su cauce fruta, si fruta… limas, naranjas, manzanas, etc. la gente asombrada se preguntaba cómo era posible esto. En ese momento también se percataron de que se había hecho una gruta o puerta como ellos le llaman, la cual nunca antes había estado como a medias del cerro, uno de los lugareños más valientes con la curiosidad encima, decide ir a ver pues que estaba pasando, aquel señor que los pobladores habían visto partir un día no lo volvieron a ver… sino hasta dos meses después. Cuenta la gente que lo daban por muerto que de segurito el mismito cerro se lo había tragado por curioso, pero resulto que no, que cuando bajo del cerro el pobre hombre tenía una cara de que acaba de ver al mismito diablo en persona, después de un buen rato y de tranquilizar al señor, comenzó a contar lo que le había pasado.

El señor todavía temblando comenzó diciendo “todo iba bien hasta poco antes de llegar como unos 100 metros de la entrada, que me encuentro con un animalote parecido a una onza, pero grande, grande, y con dos cabezas, pero gracias a la virgencita de Guadalupe, mis rezos y mi chispeta, con todo y miedo lo único que hice fue apuntar hasta con los ojos cerrados y de segurito le di o yo no sé, la cosa es que después ya no lo vi, y ya me arrepentía de seguirle, pero pos, que le sigo caminando hasta que llegue a la puerta, y pues no más me santigüe y que me meto, después de caminar como unos 15 minutos, cuál fue mi sorpresa al empezar a escuchar música, como de fiesta y le seguí caminando hasta que más delante empecé a ver con más claridad y que me encuentro con una huerta enorme y bonita, más adelante había un pueblo y como que estaban de fiesta había gente, música, todo como en una feria de pueblo, estuve ahí dando la vuelta todo normal, solamente dure como algunas dos horas y me dispuse a salir, pero antes, había probado un pan tan rico que vendían y antes de irme decidí comprar pa traer, y después compre una soguilla bonita, bonita, una como jamás la había visto antes, y que la compro, empecé a caminar para salir y justo cuanto estaba por salir, di un paso para cruzar la puerta, me dio la luz del sol y en tons la soguilla que llevaba en el hombro, que se convierte en una culebra, después el pan que había comprado, se había hecho, excremento y olía como a azufre, de ahí volteé para la cueva y ya no había nada, más que lo que siempre se ve, una peña, no había nada más, me entro un escalofrió que la verdad no supe ni como llegue al rancho”.